Dos relojes de sol en el monasterio de san Salvador

En el siglo VI san Benito de Nursia redactó la Regla Benedictina, compendio de normas que debían regir la vida de un monasterio y dirigir la espiritualidad de sus moradores. En ella se dividía el día en horas de oración y de trabajo. El famoso ora et labora. A las horas de rezo se las denominó horas canónicas que dividían el día en ocho fases que podían ser diurnas o nocturnas. Para un monje benedictino la jornada comenzaba con los maitines (antes de amanecer), continuaba con laudes (al amanecer), prima (primera hora después de amanecer), tercia (tercera hora después de amanecer), sexta (mediodía), nona (sobre las 15 horas), vísperas (tras la puesta del sol) y completas (antes del descanso nocturno). Los maitines, laudes y vísperas eran consideradas mayores y requerían que toda la comunidad las hiciera en la iglesia. El resto, las menores, las podía llevar a cabo cada monje en solitario en el lugar en el que se encontrase en ese momento.

Para poder determinar el momento exacto de cada uno de ellos se empleó inicialmente el reloj de sol canónico que en el siglo XVI fue sustituido por el reloj solar. De manera simplificada, un reloj de sol utiliza la sombra producida por la luz solar que cae sobre una barra. Esta barra recibe el nombre de gnomon, de ahí que la ciencia que trata los relojes de sol sea la gnomónica. Su colocación debe ser paralela al eje de rotación de la Tierra y apuntar hacia el polo norte celeste. Por ello, su inclinación con respecto al plano deberá ser idéntica a la de la latitud del lugar en el que se ubique. En Oña nos situamos en la latitud 42º, que serán los grados de inclinación de tendría un gnomon en nuestra localidad. Decir que existe un desfase entre la hora solar y la hora legal (la de nuestros relojes), debiéndose sumar una hora en invierno y dos en verano al reloj solar.

Tenemos constancia documental de la existencia de tres relojes de sol en nuestra abadía de san Salvador. Fray Francisco Martínez, benedictino fallecido en 1695, fue el autor de los dos relojes que se ven en las paredes del claustro. Fray José Pérez, fallecido en 1717, realizó otro en el piso alto del mencionado claustro y del que no queda rastro alguno.

 

El primero de ellos se ubica en la panda Norte del citado claustro, vertical declinante a Poniente entre el Sur y el Oeste. Su orientación le permite recoger mayores horas de sol situándose entre las 8 A.M. y las 5 P.M. tal y como recoge la numeración horaria grabada en números romanos en la corona exterior. Carece de gnomon y la construcción posterior del piso superior con un balcón y su correspondiente repisa le inutilizaron. Las medias horas aparecen en el interior de otra corona más estrecha.

El segundo reloj se sitúa en el muro Oeste, vertical declinante a Levante entre el Este y el Sur. Recoge las horas solares entre las 6 A.M. y las 12 P.M. Al igual que el anterior carece de gnomon y el balcón superior imposibilita su funcionamiento. Aquí se sustituyen los números romanos por arábigos como consecuencia del reducido espacio disponible para escribir la numeración horaria.

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